

En las aguas minerales de Retba, las piraguas de madera reciben la sal recolectada a mano con pértigas de acacia. Este saber no se escenifica ante los visitantes, sino que se mantiene como el sostén económico de cientos de hogares.
Las jornadas compartidas permiten entender los ciclos de sedimentación y el esfuerzo diario de mujeres y hombres que preservan este equilibrio lacustre desde hace generaciones.
